Personajes Ilustres
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El verdadero nombre del Barquero de Cantillana era Andrés López Muñoz (1819-1849) quien vivió con sus padres Vicente López e Hiniesta Muñoz en las calles de la Cárcel, de la Iglesia, y Calle Real. En esas calles, fueron naciendo respectivamente sus hermanos Francisca y Vicente, José y Rosario, y finalmente Antonio y Manuel.
La familia del barquero controlaba las travesías de las barcas que estaban destinadas al servicio de pasajeros (las de quilla), de ganados y mercancías, carros etc… (las de puente), para facilitar las comunicaciones entre ambos márgenes del río, a su paso por Cantillana. Estaban situadas en la Alameda y en el Barquete.
Los libros de contabilidad de los Condes de Cantillana, acreditan que las barcas eran de su propiedad exclusiva y que el arriendo de las mismas lo tenían Vicente y Andrés López Santos, el padre y el tío del Barquero, respectivamente.
Los procesos desamortizadores municipales (bienes del común del pueblo fueron sacados a pública subasta, solo aptos para ricos) y la supresión de los señoríos, el del Conde (poniendo el alquiler de las barcas al mejor postor) empobrecieron a la familia del Barquero.
Antes de los procesos desamortizadores, la familia del Barquero se contabilizaba entre las dieciocho más ricas del pueblo. Después se empobrecen y activan su feroz oposición al gobierno liberal que le “destruyó” su mundo.
El delito, contra Andrés Díaz, jornalero, sin recursos, fue un hecho en paralelo a las consecuencias del empobrecimiento dela familia. En esa pelea callejera pudo haber muerto el Barquero. Tenía un especial perfil psicológico: personalidad de indómita rebeldía, cargado de ideas fijas sobre el honor, el miedo a parecer débil, etc… que inducirían al Barquero a ponerse fuera de la ley.
Después de su acción delictiva, el Barquero permaneció en Cantillana desde 1841-1844, sin ser molestado por las autoridades locales. En 1844 se fundó la Guardia Civil para velar por la seguridad de las personas y propiedades, y reclamar la ejecución de las leyes. Lo que le obligó a deambular huido desde 1844 a 1849.
Al Barquero se le seguía el rastro por el territorio que iba de Cantillana a El Pedroso y a Constantina, hasta Extremadura, librando escaramuzas con la Guardia Civil y escopeteros locales, siempre jugando con la baza de la astucia y la sorpresa. Se escapaba siempre de las cárceles: Lora, Barrancos, Melilla, etc…
De 1846 a 1848 solo conocemos del barquero que se unió a las tropas carlistas en la Sierra Norte de Sevilla, y que fueron diezmadas por el tercer tercio de la Guardia Civil. La persecución final del Barquero y su banda se le encomendó al Teniente Castillo, que no paró hasta darle muerte en 1849 en Fuenteluenga.
El Acta de defunción del Barquero fecha su muerte el 6 de noviembre de 1849, con treinta años, soltero y violentamente a manos de la Guardia Civil y también su banda o partida (“El Gerena”, “El Gallego” y “El Navarro”).
Una vez muerto el Barquero, el folletín, la invención literaria y el idealismo romántico crearon un personaje (Curro Jiménez) muy alejado de la realidad auténtica.
ESTE ES EL LISTADO ACTUAL DE LA HISTORIA DEL VERDADERO BARQUERO DE CANTILLANA, REALIZADO POR EL CATEDRÁTICO D. ANTONIO GARCÍA BENÍTEZ, CRONISTA OFICIAL DE CANTILLANA.
Más información en Las verdades de Barquero, por Antonio García Benítez


Dulce Sueño, 1913
Este pintor nació en nuestro pueblo en 1864; bajo la protección de Francisco Palazuelos se trasladó a Sevilla para estudiar en la Escuela de Bellas Artes con el maestro Eduardo Cano de la Peña.
En 1887, consigue de la Diputación sevillana una plaza de pensionado en Roma. En ese período estudió la estética historicista del momento y el dibujo de corte académico, forjándose su personalidad artística en caminos opuestos, más afines a su sensibilidad popular, definiéndose ya su temática en escenas de corte costumbrista, retrato y paisaje que conformarán la mayor parte de su producción artística. Regresa a España en 1892 y establece contacto con el pintor José Jiménez Aranda con quien se sintió muy unido personal y artísticamente, ya que se desposó con su hija en 1895.
Su obra se exhibió, sobre todo al inicio de su carrera, en círculos privados, concurriendo ya más tarde a las Exposiciones Nacionales de 1892 y 1895 con obras de género como El cuento del abuelo –que también fue presentada en la Universal exhibición de Chicago de 1893– y La nana, con las que consiguió sendas medallas de tercera clase. En la de 1897, con El mercado de Sevilla, de marcado acento costumbrista, ganó una segunda medalla.
Cuando murió el pintor Federico Eder en 1906, fue nombrado académico de mérito de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y profesor de dibujo de su escuela; tarea que desempeñó hasta 1909, en que emprende viaje a la Argentina. Cubierto por la seguridad económica que le producía la docencia en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Córdoba (Argentina) y los constantes encargos retratísticos, pudo durante los quince años que duró su estancia en ese país, explayar su creatividad pictórica y musical, componiendo e interpretando magistralmente piezas al violín.
La realización en 1913 de un gran lienzo alegórico de más de ocho metros para el techo del Salón de Grados de la Universidad cordobesa y su deterioro irrecuperable a lo largo de la siguiente década, determinó con un rictus de amargura su vuelta a España y así en 1923 regresa a su patria con el empeño de realizar –al estilo de La visión de España de Sorolla para la Hispanic Society de Nueva York– quince trípticos, de marcado carácter etnográfico, sobre las costumbres regionales españolas. Dicho trabajo, concebido por un puro impulso personal y realizado a lo largo de cinco años, se expuso con gran éxito en 1928 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, desmembrándose posteriormente la colección en el mercado artístico catalán.
Apartado totalmente de la pintura en los últimos años de su vida, muere en Sevilla el 7 de enero de 1950.
Su producción artística incluye una amplia temática, en su primera etapa trata desde el tema costumbrista, hasta el retrato y el paisaje, incluyendo diversas obras realizadas en la costa andaluza de Rota y Chipiona, siendo claramente perceptible la influencia de Sorolla en estos trabajos.
En su etapa de madurez predominan los temas regionales y paisajísticos, especialmente los de Alcalá de Guadaira a las afueras de Sevilla. Entre sus obras destacan:
- El Gladiador (1888), expuesto en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
- El cuento del abuelo (1890).
- La nana (1895).
- Por la Patria (1897).
- El mercado de Sevilla (1897).
- La pisa de uva en Andalucía (1903).
- Cargando el barco (1907).
- Dulce sueño (1913).
- Ranchos argentinos (1918).
- El comedor de los pobres (1920).
- Retrato de José Jiménez Aranda, conservado en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

Plaza del Palacio
Primer Conde de Cantillana. Gran prosperidad e importancia alcanzó Cantillana bajo el gobierno de los condes. Se crearon cátedras de gramática, dotada suficientemente con una capellanía, se impulsó la agricultura y las industrias y se constituyó el pueblo como villa por sí y ante sí, con facultad para elegir sus propias autoridades. También recosntruyeron la Iglesia Parroquial de la Asunción, donde podemos ver sus escudos de armas.
Documentación: Hernández, Sancho Corbacho y Collantes de Terán: Catálogo Arqueológico y Artístico de la provincia de Sevilla. Tomo II. Morales, Sanz, Serrera y Valdivieso: Guía Artística de Sevilla y su Provincia. Arias Solís, Florencio: Cantillana.
